Recuerdo la primera vez que te ví, con tu cara de sueño y de mierda frente a una situación desagradable. Me gustó que no fueras capaz de fingir.
Recuerdo cuando te dije "nos volveremos a ver", sin entender el real significado de esas palabras. Debo confesar que aún hoy, sigo pensando, que nos volveremos a ver, sin importar lo que pase.
Recuerdo cuando me decían "ella anda detrás tuyo, le gustas" y yo me reía nerviosa, bajaba la mirada y decía "naaa, imposible". Porque, realmente, me parecía imposible que te fijaras en mí, además yo andaba en otra.
Recuerdo nuestra primera salida, casi orquestada por el universo (le pongo color) y me encantó que fueras tan apañadora.
Amo tus frases y como transformas las palabras en verbo, amo tu sarcasmo (aunque me frikee y no lo entienda en ocasiones). Amo tu espíritu libre y tu manera de ver la vida...me has enseñado tanto. Amo tu pasión, tu sonrisa al despertar o de maldad (se sabe lo que piensas), tus ojos brillantes y cómo cambian de color según tu ánimo; disfruto tus mañas al tener sueño. Me encanta la suavidad de tu piel y cómo tu cuerpo se adapta al mío cuando te abrazo. Me enloquece la forma en que me tocas.
Me gusta cómo defiendes a los tuyos y te apestan las injusticias de la vida. Amo la forma en que te mueves, tus gestos al hablar, cuando me miras como si no existiera nadie ni nada más. Amo que me abraces por la espalda, amo tus apodos hacia mi (incluso ese que tanto te alego).
Volviendo a lo cronológico (dispersa, lo sé), recuerdo ser incapaz de dejar de pensar en tí, después de aquella noche/ mañana. Debo admitir que me gustó cuando me decías que no me fuera y me descolocó cuando me echaste (debí haber sabido desde ese momento cómo sería todo). Aun me pongo nerviosa al verte, como aquel viernes que te esperé para hablar; y aún me cuesta alejarme, como cuando te acompañé a tu casa solo para estar un rato más contigo.
Me has domesticado y me permití volver a sentir, volver a creer. Realmente pienso que tú eres, aquí me detengo y que estas hecha para mí. En su momento casi rogué porque fuera mutuo y, en algún punto, me hicieras calzar en tu historia y quizás se volvería en nuestra historia; aquella que construimos en conjunto hoy en día.
Entendí que debo darte tu espacio cuando algo te duele, dejarte estar sola cuando necesitas ordenar tu mente. Confiar en que volverás y tener paciencia.
Aprendí a no despertarte, a que por más que quiera, es imposible hablar contigo cuando te sientes triste o molesta. A esperar sentada hasta que vuelvas a aparecer y no guardar resentimiento por tus palabras.
Comprendí tus actos de amor, que son sólo a tú manera y a dejarme amar según tus formas.
"La vida es a tu ritmo" y acepté soltar el control. Al fin entendí que no se puede enjaular a un pájaro. Eres como un mirlo, brillante, enojón y taimado, presumido, hermoso y a toda raja.
Te extraño cada vez que no estoy a tu lado y espero con ansias el día que te vuelva a encontrar. Lamento la extensión y ser tan intensa, aún así trato de no exigirte nada y dejarte ser tú, la mujer de la cuál me enamoré. Darte tus espacios y comprender tus prioridades.
Soy feliz las veces que te veo y te siento cerca, soy feliz con un "buenos días" y tus abrazos, soy feliz con tu presencia y las cosas simples a tu lado.
Te amo puede reducirlo, pero prefiero explicarte qué significa cuando lo digo.
Te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario